miércoles, 12 de julio de 2017

Experiencias } 1



De acuerdo, lo reconozco, desde hace un par de entradas no he hablado mucho de mi, es un reto que me puse, no hablar de mi misma durante tres meses. Apenas he superado los dos, pero lo he intentado con ahínco.

De todas formas este blog, mi muy apreciado VUIMACE, se llama Vida de una índigo y mente de alguien cosmopolitamente espiritual, y, para no hablar de mi misma sino simplemente exponer lo que tengo en la mente ha sido por lo que escribí Herramientas de crecimiento personal. De hecho, iba a continuar este reto con una entrada sobre el eneagrama, y, si me daba tiempo, una entrada sobre el abordaje espiritual de la saga Mundodisco, pero hoy ha pasado algo que me ha hecho decidir postergar estas entradas para más adelante, algo que es mucho más adecuado, a mi juicio, a el nombre del blog. He aquí la experiencia escrita en negrita.


Ayer, buscando personas que compartieran mi visión de las múltiples vidas/encarnaciones, encontré (no diré por casualidad porque sé que nada es casualidad realmente) un libro medio apartado de los demás, como si no quisiera estar dispuesto para ser leído si no era el momento adecuado para el lector. El libro se llama La ley del amor y su autor es Vicent Guillem. Me llamó la atención sobremanera, como pocos libros hacen. Leí la sinopsis y me intrigó, así que me puse a leerlo rápidamente, ojeando las páginas con rapidez y después más detenidamente, una por una. Tuve que dejarlo en la 16, pero ya era tan sumamente intrigante el libro que decidí informarme sobre el autor, descubriendo que La ley del amor era la segunda entrega de Las leyes espirituales.  De inmediato surgió un genuino interés en leer esta primera entrega. Lo busqué y me puse a leerlo y de ahí surgió la experiencia que más adelante os contaré. 

Antes me gustaría decir que tuve pocas experiencias de viajes astrales, y cuando digo pocas digo sesenta, de las que yo me acuerde y prácticamente todas sucedían en un mismo lugar, dejándolas de tener prácticamente en su totalidad, ya que en los últimos tres meses sólo he tenido una y de siete minutos de duración. 

Ahora sí, la experiencia que pasó hace escasas dieciséis horas.

Estaba leyendo el libro, la página 22 en concreto, sintiendo una gran afinidad por el ser astral que el autor llama Isaías. (Disculpad, tengo que interrumpir otra vez para decir que mientras tenía en la mente este nombre, para escribirlo, noté un cúmulo de puntos brillantes, más livianos que la materia, brillar un segundo y apagarse. Esto siempre por el rabillo del ojo. Al instante siguiente sentí como si unos dedos hechos de algo que no supe identificar me tocaran el brazo, entonces una corriente subió de mi brazo hasta el lugar donde se suele dibujar el chakra Anja. Justo después bajó a un punto concreto de mi pierna derecha, en la que la corriente pasó a ser como un latido del corazón pero en ondas que se expanden y se retraen. Cuando la corriente energética llegó a mi chakra nº6 supe con absoluta certeza (y sin dudas de ninguna clase) que Isaías era tan real (sin necesariamente decir que sus funciones, su cometido o lo que representa, ojo, que los que lo veneran no se confundan) como para algunos es el "maestro Ascendido" Saint Germain. Cuando bajó a mi pierna supe con la misma absoluta certeza que lo que me había tocado era un gnomo, con el cuerpo en el plano astral y la mano en el mundo físico.                    


En esta página se pregunta (voy a citar textualmente la pregunta, pero no la respuesta, porque es muy extensa) <<Me hago una idea de lo que dices, pero, cuando hablas de mundo astral ¿a qué te refieres concretamente?>>

El que responde dice <<Cada planeta físico está ligado con su correspondiente planeta energético o astral (...). El planeta físico no podría existir sin el planeta astral, ya que es este último el que lo vitaliza energéticamente y mantiene su estructura y funcionamiento. Dentro de este mundo astral existen diferentes niveles o capas vibratorias que se diferencian por su densidad, estando las capas más densas más cercanas a la superficie del planeta físico y las más sutiles progresivamente más alejadas (...). Podemos decir que la naturaleza en el mundo físico es un reflejo in-acabado de la naturaleza astral y que todo lo que existe en el mundo físico ha sido antes ensayado en el mundo astral>>.                                                                                             

También se plantea la pregunta <<¿Y hay vida en ese planeta astral?>>. 

Se responde de la siguiente manera <<Este globo o planeta astral está lleno de vida y es el hogar de los espíritus y formas de vida no encarnada ligados al planeta Tierra. Es el origen de la mayoría de los seres que nacen y el destino de los que mueren en vuestro mundo físico.Cuando antes (leer las páginas anteriores del libro) he dicho que el espíritu cuando desencarna vuelve al mundo espiritual, lo que ocurre normalmente es que el espíritu se sitúa en uno de estos niveles vibratorios del planeta astral (...). 

En las páginas siguientes se habla de las diferentes frecuencias vibratorias en los espíritus, a los que el que responde llama "niveles evolutivos" en los que está el astral inferior, medio y superior. Como resumen os diré que en el astral inferior se encuentran los espíritus menos evolucionados espiritualmente que, citando textualmente <<pueden ser tanto aquellos espíritus todavía jóvenes, en estado primitivo de evolución, como aquellos que habiendo vivido muchas vidas y habiendo desarrollado su inteligencia, todavía no han desarrollado sus sentimientos>> para saber la definición del astral medio y superior, leed el libro.  

Inmediatamente después de esto, me di cuenta con una certeza irrefutable que por eso en los pocos viajes astrales que tengo siempre voy a un mismo lugar, no es porque en mi inconsciente haya algo que me lleve a ese lugar, pero tampoco, por extraño que pueda parecer, es similar al sitio que ha descrito Vicent, salvo por la sensación de paz que abunda allí. 

El motivo por el que siempre voy a ese sitio es que unos espíritus de más alto rango que el que yo ocupaba en mi espacio entre vidas más próximo, como yo había estado durante algunas vidas consecutivas en el astral superior pero tenía un gran interés por la zona en la que el astral medio hace frontera con el inferior, me dieron una serie de bonus para poder seguir mejorando el mundo en esta encarnación, algunos ya los he descrito aquí, otros no y hay otros que todavía no puedo recordar, lógicamente, como la vida tiene un extraño equilibrio entre el Yin--Yang, la ley de manifestación, la de la atracción y demás leyes espirituales del Universo, me pusieron de carga negativa las enfermedades que mi cuerpo tiene, dándome también la capacidad de saber lo que me va mejor para cada dolencia que experimento. Uno de esos dones, el que más seguido se ha repetido, exceptuando la habilidad de inspirarme en la Nada, como describí ya en la pasada entrada Inspiración para otras personas desde (etc.) es la de (desde hace un tiempo más notar su presencia que verlos claramente) ver hadas y demás espíritus de la naturaleza. Cuando por fin comprendí que este don no se debía a ser una Índigo o a otras causas diferentes espirituales sino a que estos espíritus (a los que desde hace poco, y por una revelación de mi Innato, llamo internamente "los sentenciadores") me otorgaron ese don. 

Antes de que preguntes, desconozco completamente los motivos que pudieran tener para otorgármelo. 

Con fervor, me puse a dar las gracias a todos los seres astrales de los que me acordaba, por supuesto internamente, siguiendo la recomendación de Rhonda Byrne de decirlo tres veces para cada uno. Justo cuando terminé con el último, un rayo de luz de color blanco azulado (cuando el 99% de los que veo provenientes de luz natural son blancos) cruzando mi cortina de mandalas y varias Flores de la vida, bordados en gris sobre fondo blanco, hasta detenerse a veinte centímetros de donde estaba mi mano en aquel momento. 

Supe que algunos de los seres a los que yo había agradecido con fervor hace escasos minutos eran los que me habían mandado ese rayo. Experimenté el júbilo del que tanto habla Wayne Dyer en Tus zonas sagradas. Lo experimenté con mejores sentimientos si cabía porque era la única respuesta clara, directa e imposible de re-interpretar que había recibido de ellos en los últimos dos meses aproximadamente. Me dio esperanza de que los canales de comunicación que estaban obstruidos se desbloquearan.

Gracias por escucharme, prometo que cada vez que me pase otra experiencia similar la escribiré con todos los detalles que recuerde. Gracias a todos los que mañana y en el próximo medio mes miren esta entrada, y no, no sé cuando tendré lista la siguiente, fue difícil escribir todo esto el mismo día que me pasó, por eso necesito un mes entre entrada y entrada, solo os digo que quizás (solo quizás) se reduzca a partir de hoy a tres semanas.

Gracias otra vez a todos mis lectores, espero que mi experiencia os sirva de algo positivo.


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